Contra el antisemitismo de izquierda

El antisemitismo es el socialismo de los imbéciles.

August Bebel

Una táctica reaccionaria

En plena Guerra Civil Rusa, Vladimir Lenin grabó un discurso en un disco de gramófono con el objetivo de que fuera difundido por toda Rusia. Eran finales de marzo de 1919 y el Ejército Rojo enfrentaba múltiples enemigos, nacionales y extranjeros, uno de los cuales era el Ejército Blanco zarista. El texto se conserva en el volumen 29 de sus obras completas, con el título “Sobre los pogromos antijudíos”.

Los contrarrevolucionarios habían decidido azuzar el antisemitismo como táctica contra los comunistas. Su objetivo era clarísimo: desarticular la lucha de clases apelando a los prejuicios de corte racista. Habían acuñado ya el término “judeobolchevismo” para referirse a los impulsores de la Revolución de Octubre y planteaban el conflicto como un choque entre los que buscaban destruir a la Santa Rusia cristiana y los que la defendían. Según su narrativa, los judíos, ahora disfrazados de marxistas, estaban empeñados en acabar con el cristianismo y el zarismo, que debían ser defendido a toda costa. Como “pruebas” apuntaban al origen judío de Karl Marx y de líderes bolcheviques como León Trotsky, miembro del politburó del Partido Comunista y jefe del Ejército Rojo.

Los zaristas, que difundían masivamente Los Protocolos de los Sabios de Sión, impulsaron y cometieron multitud de pogromos y masacres contra la comunidad judía. En septiembre de 1919, por ejemplo, las fuerzas de Anton Denikin arrasaron la población de Fastov, con saldo de miles de muertos. Y, poco después, cuando tomaron Kiev, repitieron las atrocidades. Se calcula que durante toda la guerra civil murieron hasta 250 mil judíos y más de un millón perdió su hogar.

Frente a esa barbarie, Lenin, en su discurso, delineó las verdaderas intenciones detrás de la propaganda antisemita. Los reaccionarios daban pábulo a los prejuicios religiosos y raciales para desviar la atención de los problemas que realmente estaban en juego: los de la lucha de clases. La burguesía y los monárquicos pretendían embaucar a las masas campesinas y obreras, dirigiendo sus odios contra los judíos, que servirían aquí de chivos expiatorios. De paso, pensaban que desinflarían las filas de los comunistas.

Los líderes del Ejército Blanco sólo estaban recuperando una infame tradición centenaria, que podía remontarse a las Cruzadas y más allá, según la cual los judíos siempre habían sido tachados de enemigos de la civilización cristiana:

No son los judíos los enemigos de los trabajadores (…). Sólo la gente más ignorante y oprimida puede creer las mentiras y calumnias que se difunden sobre los judíos. Esto es una supervivencia de la época feudal (Lenin, 1972, pp. 253 y 253).

Pintando a los judíos como el enemigo, la reacción zarista y burguesa agitaba un espantajo que habitaba en las mentes del pueblo, para manipularlo y ponerlo de su lado en la lucha de clases. Además, esas élites se ponían así ellas mismas al frente de la lucha contra ese enemigo común imaginario.

Anticapitalismo falso

En 1980, el filósofo marxista canadiense Moishe Postone acuñó el término “anticapitalismo fetichizado”, para describir cómo el antisemitismo y el odio a los judíos reducen la crítica del capitalismo como sistema a la crítica solo del capital financiero dominado por familias judías, de manera que, en ese camino, lo que parece anticapitalismo termina siendo neutralizado.

En lugar de la lucha por la emancipación anticapitalista, se cae en una conspiranoia en contra de un supuesto grupo de conspiradores judíos del sistema financiero y se exonera al modo de producción como estructura sistémica de alcance global. Los “izquierdistas” que creen que luchan por la libertad terminan confundidos en este juego de manos y sus esfuerzos ya no se dirigen en contra del capitalismo propiamente, sino de una élite que es producto de sus propias teorías conspirativas.

El antisemitismo moderno es una forma particularmente perniciosa de fetichismo. Su poder y su peligro consisten en que provee una visión del mundo comprehensiva, que explica y da forma a ciertos tipos de descontento anticapitalista de una manera que deja al capitalismo intacto, al atacar únicamente a las personificaciones de esa forma social (…). En esta visión fetichizada, el capital industrial, productivo, concreto y de arraigo nacional, es exonerado y opuesto al capital financiero, abstracto, parasitario e 'internacional', el cual es personificado en los judíos (Postone, 1980, pp. 111 y 112).

De nueva cuenta y en nuestra propia época, el antisemitismo sirve para proteger y no para derribar al sistema de opresión capitalista. Como por arte de magia, las fuerzas sociales oprimidas marran el golpe y se extravían en la búsqueda de un enemigo inexistente, que se ha construido tras siglos de persecución por parte de la civilización occidental cristiana.

Israel y el “antisionismo”

Cualquier persona de izquierda debería estar comprometida con la oposición a las políticas expansionistas del gobierno de Benjamin Netanyahu y la coalición que lo apoya. Pero esa oposición debería enmarcarse en una lucha contra el imperialismo y el capitalismo, en lugar de teñirse, como lo está, de discursos y tropos antisemitas.

Resta ver la manera en que los que se oponen a Netanyahu pasan muy rápidamente a apuntar contra Israel en su conjunto. Y cómo su antisionismo muy fácilmente cae en ataques contra los símbolos religiosos, las costumbres y las fechas de la identidad judía.

Los izquierdistas que se dicen antisionistas y rechazan ser antisemitas repiten, sin embargo, los tropos clásicos antisemitas, como el de la hipótesis jázara, que niega que los israelíes sean semitas, aunque esa hipótesis esté ampliamente refutada por los estudios genéticos e históricos. Repiten la idea de que los judíos dominan el capital financiero a nivel global, como machacaban una y otra vez los nazis hace ya casi una centuria. O culpan a los judíos de estar detrás de sucesos como los atentados de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York.

Con todo ese activismo en contra de Netanyahu, Israel y el judaísmo, los izquierdistas antisemitas suponen que la suya es una lucha legítima, pero es revelador que en sus mensajes, discursos y consignas esté ausente casi por completo el tema del capitalismo. Lo suyo ya no es anticapitalismo sino ya sólo antisionismo con rasgos antisemitas.

Como señaló Lenin en 1919 y como teorizó Postone en 1980, el antisemitismo ha logrado también en 2026 desviar la atención hacia un chivo expiatorio en gran medida inventado, con una versión simplificada de la realidad que apunta hacia un pueblo por su origen étnico o su religión. Y aunque hay alguna lucha legítima en el fondo, en contra del expansionismo de Israel y la ocupación de Palestina, queda desdibujada, transfigurada y neutralizada por toda la nube de prejuicios antisemitas que la envuelve.

La peor de las consecuencias de todo esto es que la izquierda antisionista y antisemita termina por trabajar para las fuerzas que siempre han agitado el espantajo antijudío, la derecha, la ultraderecha, la “nueva derecha”, el neonazismo y los neofascismos que siempre han puesto al judío en la posición de culpable prefabricado, víctima propiciatoria y cabeza de turco para mantener el statu quo.

 

Bibliografía

Lenin, V. I. (1972). Speeches on gramophone records: Anti-Jewish pogroms. En Lenin Collected Works (Vol. 29, pp. 252-253). Progress Publishers. (Obra original grabada en 1919).

Postone, M. (1980). Anti-Semitism and National Socialism: Notes on the German reaction to "Holocaust". New German Critique, (19), 97-115. https://doi.org/10.2307/487974

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