El agua del Tlacote
El contexto
Era 1991, Salinas de Gortari era el presidente. Todavía se hablaba de fraude en las elecciones de 1988. El gobierno había vendido Teléfonos de México (Telmex), se había reformado el artículo 27 de la Constitución para permitir la venta de tierras ejidales y se emprendía una intensa campaña de privatizaciones. Era la época dorada del neoliberalismo.
México negociaba con Estados Unidos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Se le decía a la población que el acuerdo llevaría al país al Primer Mundo.
La desigualdad se aceleraba, pero el gobierno difundía videos promocionales del programa Solidaridad, en los que a Don Beto se le metía una basurita en el ojo porque en su pueblo ya tenían carretera.
En la radio sonaban los boleros de Luis Miguel, "Vuela, vuela" de Magneto y "Pelo suelto" de la Gloria Trevi anterior al escándalo de trata de blancas. Para los alternativos estaban los Caifanes con "La célula que explota".
Y cómo no, había telenovelas. Las jóvenes veían "Muchachitas" con Kate del Castillo. Las señoras lagrimeaban en la tarde con "Cadenas de amargura" y la villana interpretada por Diana Bracho. Se esperaba con ansias la segunda parte de "Alcanzar una estrella". Y "La pícara soñadora" comenzaba a triunfar.
En pocas palabras, era el país de Televisa. Lo que pasaba en la tele era lo real. Lo que no aparecía ahí era como si no existiera. Para que se entienda, era como las redes sociales, pero sin mayor interacción.
Época de supersticiones
El "misterio" dominaba las mentes. El eclipse total de Sol dio rienda al fenómeno OVNI. Un jovencísimo Jaime Maussán encabezaba el despertar ciudadano sobre los extraterrestres. La gente descubría las cámaras de video en tamaño más o menos portátil. Y como no tenía mucho que grabar, apuntaba hacia el cielo. Ahí se captaron puntitos brillantes, que no podían sino ser naves alienígenas. Nacía toda una industria, la de "Tercer Milenio".
Pero el programa estelar de este corte era "Y usted...¿qué opina?" con Nino Canún. Se supone que era un programa de debate, una especie de imitación del típico talk show estadounidense con participación continua del público. Canún era especie de híbrido entre Phil Donahue y Morton Downey Jr. Para decirlo brevemente, era televisión basura, hecha para que la gente la consumiera así como una Coca - Cola o unas Sabritas, pero en lugar de atrofiarse el cuerpo se embotaba la mente.
Cada emisión era maratónica. Comenzaba en la noche del viernes y podía durar hasta la mañana del sábado. Si el rating era bajo, todo se terminaba a la una de la mañana. Pero si era alto, podía llegar a las seis. A final de cuentas, los desvelados no trabajaban el fin de semana (o no todos). Los más prudentes mejor se dormían y le volvían a prender muy temprano.
Mantener la atención no era nada sencillo, pero Canún aprendió a hacerlo. Con su "¡Aguántame el corte!", para revelar grandes secretos, tenía en la palma a la gente.
Los paneles de Canún eran "democráticos": sentaba a un astrónomo junto con un ufólogo y a un médico junto con un brujo de Catemaco. Valía tanto la ciencia como la superstición. La verdad volvía a jugarse en terreno parejo.
El agua del milagro
A finales de 1991, comenzó a aparecer en "Y usted...¿qué opina?" el tema del agua del Tlacote, llamada así por brotar de un pozo en un rancho que así se llama(ba), el Rancho del Tlacote, muy cerca de la ciudad de Querétaro.
El propietario, un tal Jesús Chahín, había provocado una fiebre regional luego de difundir que el agua de su pozo (sin albur) tenía propiedades curativas. La prueba principal era que su perro malherido había tomado y se había curado milagrosamente. Según este señor, que ostentaba el título de ingeniero además, los litros del agua de su pozo no pesaban un kilogramo, sino un poco menos. Y esto de alguna manera le daba propiedades para modificar positivamente las células (?).
Tan se lo creyó la gente que el Chahín tuvo que instalar tanques y decenas de llaves afuera del rancho. Y los peregrinos comenzaban a llegar de varias partes del país, con garrafones a cuestas.
El propio Magic Johnson, contagiado de VIH (el gran estigma del momento), se había llevado unos quinientos litros. José José, "El Príncipe de la Canción", buscó mejorar sus cuerdas vocales bajándole un poco al alcohol para tomar el agua sobrenatural. Se decía que Julio Iglesias intentaba alcanzar la juventud eterna y que Verónica Castro anhelaba revitalizar su belleza.
Según una leyenda urbana, afuera del rancho los de a pie hacían fila, pero adentro, en la hacienda, los ricos y poderosos bebían en elegantes vasos de cristal.
Del Tlacote para el mundo, el agua se exportó. Carlos Menem, presidente de Argentina, aprovechó el clamor popular para facilitar el ingreso de la sustancia mexicana. Hubo vuelos chárter hasta Ezeiza, con multitudes esperando obtener algún trago o alguna gota. Allá también eran neoliberales y también eran muy populistas.
Un viajero del tiempo que prendiera la televisión mexicana algún viernes a principios de 1992 podría ver un programa de siete horas dedicado al agua del Tlacote. Si nuestro viajero tuviera el sentido del humor suficiente (y la paciencia), vería ahí personas jurando que se habían curado de cáncer, asma y/o diabetes sólo con tomar agua.
Toda la cohorte de creyentes del agua del Tlacote se enfrentaba en batalla épica contra investigadores de la UNAM (que casualmente tenían gran gusto por aparecer en televisión), funcionarios de la Secretaría de Salud y químicos profesionales que, con datos de laboratorio, intentaban convencer a la audiencia de que el agua era nada más agua, lo que les valía fuertes abucheos.
El final
Más allá de la guasa, el asunto se puso serio. Y hasta peligroso. Pacientes de enfermedades graves dejaban sus tratamientos para beber el líquido tlacotense. Y la cantidad de personas en el rancho (hasta cuatro mil por día) comenzaron a contaminar con sus propios líquidos corporales el pozo sagrado. A final de cuentas, las filas eran largas y había que orinar y defecar por ahí. Y de la letrina al manantial, como del odio al amor, sólo hay un paso.
Aparecieron bacterias en el agua. La Secretaría de Salud dio la alerta. El milagro fluía ahora como diarrea. El Tlacote reclamaba lo suyo que, de pozo a pozo, volvía a su sitio subterráneo.
El tema se fue apagando, como toda moda. Y como toda moda, su muerte fue por reemplazo. En 1993, en el aeropuerto de Guadalajara, pistoleros desconocidos acribillaron al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Y en 1994 pasaron tantas cosas (el asesinato de Colosio, la rebelión zapatista, la muerte de Ruiz Massieu), que poca atención quedó para el ingeniero Chahín, su pozo y su agua. El ascenso a Primer Mundo había conducido al abismo.
Lo último que se supo del señor que había provocado toda una hidrohisteria colectiva es que murió en 2004, víctima de cáncer. No se reveló si siguió el tratamiento tradicional o si sólo bajaba al pozo (sin albur). En 2007, se vendió el rancho, con los años todo se oxidó. Hoy es más una ruina que visita algún "influencer" ayuno de temas para su canal de Youtube.